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Kerala, tierra del agua

mayo 3, 2018

Los famosos backwaters de este estado indio se pueden explorar a bordo de una barca tradicional o junto a familias locales que ofrecen alojamiento y experiencias únicas.

Hasta 38 ríos descienden desde las cumbres de los Ghats Occidentales de Kerala hacia el Mar de Arabia. Sin embargo, su misión de verter las aguas dulces al océano no es fácil. Una barrera de más de 200 kilómetros creada a lo largo de miles de años por las corrientes se lo impide parcialmente. Gracias a esta lengua de tierra hoy podemos disfrutar de los backwaters de Kerala, un ecosistema de aguas salobres único en el mundo.

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Cinco grandes lagos y más de 900 kilómetros de canales navegables que forman los backwaters se traducen en múltiples maneras de explorar este país de agua lleno de vida. La opción más común entre los que viajan a Kerala es contratar un kettuvallam, un tipo de barcaza usada antaño para transportar los granos extraídos de los arrozales a los mercados.

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La llegada de viajeros deseosos de conocer los canales llevó a los astilleros a adaptar los kettuvallam y a equiparlos con dormitorios, cuarto de baño, cocina y una cubierta para disfrutar de las vistas. Este cambio radical no ha alterado en casi nada el aspecto exterior de los barcos, construidos con madera de cocotero y palma de betel y cubiertos con esteras de bambú.

Los cocoteros custodian el río. La aventura empieza en Alappuzha situada a cincuenta kilómetros al sur de Kochi, capital de la región. Tras salir del embarcadero de esta ciudad pomposamente conocida como la Venecia de Kerala, los barcos entran en el lago Vembanad, el más grande de todos los que forman los backwaters. Canoas de pescadores, kettuvalam y algún ferry comparten un horizonte lacustre que desaparece cuando el barco se adentra en los canales y las orillas empiezan a regalarnos escenas de rutina diaria en el mayor humedal habitado de la India.

Por la mañana se ven grupos de niños, uniformados, camino de la escuela; un poco más tarde es el turno del baño de las mujeres, un ritual diario tan íntimo que lo ejecutan sin desprenderse del sari. Después de comer aparecen las lavanderas mientras que los más pequeños aprovechan su tiempo libre para jugar en el agua o aprender con sus padres a manejarse con los remos en un entorno natural que en unos años será su medio de subsistencia.

Cuando cae la noche, el capitán atraca el barco en un canal tranquilo, seguramente cerca de las casetas de latón donde los pescadores venden cada tarde las capturas del día. Mientras el cocinero prepara la cena a bordo, es el momento de dar un paseo por el sendero que bordea el canal para visitar las aldeas.

Dentro de la comunidad. Otra manera de conocer los backwaters es contratar el alojamiento en la casa de una familia a orillas de los canales. Los propietarios de los homestay apuestan por el turismo justo, recomiendan respetar las normas de vestimenta de la comunidad para adaptarse a un entorno tradicional y dar una cálida bienvenida a los viajeros. Green Palms Homes, en la isla de Chennamkary, es una de las viviendas pioneras en abrir sus puertas a los visitantes.

Al margen del alojamiento, la familia propietaria de Green Palms pone a disposición de sus huéspedes actividades que van desde clases de cocina regional impartidas por la abuela, visitas guiadas por el entorno o el alquiler de canoas con las que explorar por su cuenta los canales más estrechos.

Atardeceres espectaculares en Kerala. Es el estado con mayor nivel de alfabetización de la India, es también una rara avis en temas de creencias: el 19% de su población es cristiana. Muchos de ellos son seguidores de una rama nasrani iniciada en el siglo I por el apóstol Tomás en la India y enmarcada hoy dentro de la Iglesia Ortodoxa Siria.

Por otro lado, la mayoría de las casas que dan alojamiento apoyan la economía local permitiendo contratar a un guía indígena que conoce la flora y fauna como la palma de su mano y que concluye el tour visitando la casa de unos campesinos donde sirven un desayuno tradicional.

La traca final tiene lugar al atardecer. El sonido del motor de los kettuvalam es sustituido por el canto de los animales nocturnos; la última luz del día convierte el agua en un espejo perfecto hasta que una rana o un pez rompen de un salto el hechizo para darse un festín de mosquitos. En unos minutos la oscuridad será total y un manto de estrellas cubrirá los backwaters.