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Descanso pasiego en una cabaña

enero 7, 2016

A unos cuarenta kilómetros de Santander, en el valle del Miera, una familia de emprendedores ha reconstruido cinco cabañas pasiegas para transformarlas en posadas acondicionadas con todo lujo de detalles.
En la puerta de entrada a la cabaña de pastores, ahora refugio de lujo, el visitante encuentra un kit de bienvenida: una botella de vino, un snack y un mapa con información de la zona (incluyendo un móvil operativo si el cliente es extranjero). Todo un detalle de buen gusto que refleja el mimo con el que la familia Valentín Gamazo–Villar cuida a sus clientes.

En 2002 el matrimonio, Agustín y Cristina, visitaron el valle pasiego del Miera. Se enamoraron de la tranquilidad de los prados y de las cabañas que, dispersas por el terreno, cubren el paisaje. La semana siguiente volvieron a comprar una y con dedicación y paciencia, de forma manual y tan solo contando con la ayuda de sus cuatro hijos, algunos familiares y amigos, rehabilitaron la primera de las cinco Cabañas con Encanto que poseen en San Roque de Riomiera (Cantabria).

La familia ha modificado el interior de estas edificaciones únicas y autóctonas de la comarca. Si originalmente en la planta inferior se estabulaba el ganado con sus pesebres y en la superior se ubicaba el catre del pastor y se almacenaba el alimento para los animales, en la actualidad las habitaciones y los aseos, con artículos de higiene personal incluidos, están en la planta baja, y en la de arriba el salón con chimenea –en uso, de hecho en invierno se entrega encendida y con leña suficiente para mantenerla viva durante toda la estancia– y la cocina con lavaplatos pero sin horno.

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En el interior, no falta detalle hecho a mano. Para separar las piezas de la construcción, que en un principio era diáfana, utilizan tabiques forrados de tela y los interruptores imitan a los antiguos. Los percheros son astas de venado, las lámparas están formadas por palos batidos por el mar, los botelleros son palés restaurados, los lavados reposan sobre maderas recicladas… Y, por si algún huésped quiere llevarse parte de la esencia pasiega, las piezas artesanales están a la venta.

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El único objeto vetado en estas cabañas premium es la televisión, para fomentar la desconexión y el descanso en plena naturaleza, aunque sí están instalando wifi, de uso opcional. Para que los aventureros perdidos en un valle pasiego dispongan de todos los servicios, Cabañas con Encanto posee un acuerdo con uno de los restaurantes de la zona, La Vieja Escuela, que lleva el menú al refugio en 30 minutos. Como cualquier room service.

De los 10.000 albergues de pastores que se estima hay entre los tres valles pasiegos (Vega del Pas, Pisueña y Miera), sólo unos pocos están rehabilitados, y únicamente poseen el sello del Gobierno de Cantabria como Cabaña Pasiega las cinco Cabañas con Encanto. Una nueva categoría de alojamiento turístico que regula estas edificaciones exclusivas de la zona. Con la normativa, el ejecutivo regional pretende potenciar el turismo rural de la comarca y fomentar la recuperación de estas construcciones abandonadas.

Como actividades, proponen rutas de senderismo y en bicicleta, visitar una quesería en Selaya, organizar una visita para hacer sobaos pasiegos y quesadas con mandil incluido, o, en verano, excursiones a las pozas cercanas (a 200 metros) o a la playa de Somo (a 45 minutos). Como Don Juan Tenorio, «Yo a las cabañas bajé,/ yo a los palacios subí».

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